Libertad Religiosa Unión Argentina

Declaraciones Oficiales: Libertad Religiosa y Derechos Humanos

Cómo consideran los adventistas a los católicos

Los adventistas consideran a todos los hombres y mujeres como iguales a la vista de Dios. Rechazamos el fanatismo contra cualquier persona, sin tomar en cuenta su raza, nacionalidad o credo religioso. Además, reconocemos que pueden encontrarse cristianos sinceros en todas las denominaciones, incluyendo el Catolicismo Romano, y trabajamos en armonía con todas las agencias y cuerpos que procuran aliviar el sufrimiento humano y elevar a Cristo ante el mundo.

Los adventistas procuran acercarse en forma positiva a las demás iglesias.; Nuestra tarea principal es predicar el evangelio de Jesucristo en el contexto del pronto regreso de Cristo, y no buscar fallas en otras denominaciones.; Las creencias adventistas están arraigadas en las enseñanzas bíblicas apostólicas y por ello comparten muchos aspectos esenciales del cristianismo en común con los seguidores de otras iglesias cristianas. Sin embargo, tenemos una identidad específica como movimiento. Nuestro mensaje apremiante para los cristianos y los no cristianos por igual es comunicar esperanza al concentrarnos en la calidad de la vida que es completa en Cristo.

Como adventistas, al relacionarnos con el Catolicismo Romano en particular, entran en nuestro pensamiento tanto el pasado como el futuro. No podemos borrar ni ignorar el registro histórico de gran intolerancia, y aun persecución, por parte de la Iglesia Católica Romana. El sistema Católico-Romano de gobierno eclesiástico, basado en enseñanzas extrabíblicas, tales como la primacía del papado, resultaron en severos abusos de la libertad religiosa mientras la Iglesia estuvo aliada con el Estado.

Los adventistas están convencidos de la validez de nuestros conceptos proféticos, de acuerdo con los cuales la humanidad vive ahora cerca del fin del tiempo. Los adventistas creen, basados en las predicciones bíblicas, que precisamente antes de la segunda venida de Cristo esta tierra experimentará un período de agitación sin precedentes, en el cual el sábado estará en el centro. En ese contexto, esperamos que las religiones del mundo, incluyendo los principales cuerpos cristianos como participantes importantes, se alinearán con las fuerzas que se oponen a Dios y al sábado. Una vez más la unión de la Iglesia con el Estado resultará en una extensa opresión religiosa.

Echar la culpa de las pasadas violaciones de los principios cristianos sobre una denominación específica no es una representación apropiada ni de la historia ni de las preocupaciones de las profecías bíblicas. Reconocemos que a veces los protestantes, incluyendo a los adventistas, han manifestado; prejuicios y aun fanatismo. Si, al exponer lo que la Biblia enseña, los adventistas dejamos de expresar amor por los oyentes, no estamos exhibiendo un cristianismo auténtico.

Los adventistas procuramos ser equitativos al tratar con otros. De este modo, aunque percibimos el registro histórico y continuamos manteniendo nuestros conceptos con respecto a los eventos del fin del tiempo, reconocemos algunos cambios positivos en el catolicismo reciente, y enfatizamos la convicción de que muchos católico-romanos son hermanos y hermanas en Cristo.

Esta declaración fue registrada el 15 de abril de 1997 por la Comisión Administrativa de la Asociación General (ADCOM), y difundida por la Oficina del presidente, Robert S. Folkenberg.

A propósito del 50º aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos

Desde sus mismos comienzos, a mediados del siglo XIX, la Iglesia Adventista del Séptimo Día ha sostenido los derechos humanos. Inspiradospor los valores bíblicos, los primeros adventistas estuvieron involucrados en la lucha contra la esclavitud y la injusticia. Reclamaban el derechode cada persona a elegir las creencias de acuerdo con su conciencia, y a practicar y enseñar su religión con toda libertad, sin discriminación, siempre respetando los iguales derechos de los demás. Los adventistas están convencidos de que el ejercicio de la fuerza en la religión es contrario a los principios divinos.Al promover la libertad religiosa, la vida familiar, la educación, la salud, la asistencia mutua y la satisfacción de las clamorosas necesidades humanas, los adventistas afirman la dignidad de la persona humana creada a imagen de Dios.En 1948 la Declaración Universal de los Derechos Humanos fue escrita y adoptada por personas que habían salido de la destrucción sin precedentes, la desorientación y la angustia de la Segunda Guerra Mundial. Esta experiencia desgarradora les dio una visión de un mundo futuro de paz y libertad, y el deseo de verlo. La Declaración Universal, salida de la parte mejor y más elevada del corazón humano, es un documento fundamental que apoya firmemente la dignidad humana, la libertad, la igualdad y la no discriminación de las minorías. El Artículo 18, que sostiene la libertad religiosa incondicional para creer y practicar la religión, es de importancia especial, porque la libertad de religión es el derecho humano básico que subyace y sostiene todos los demás derechos humanos.Hoy, la Declaración Universal de los Derechos Humanos es a menudo violada, y en particular el Artículo 18. La intolerancia, frecuentemente,muestra su horrible cabeza, a pesar del progreso de los derechos humanos logrados en muchas naciones. La Iglesia Adventista del Séptimo Día anima a las Naciones Unidas, a las autoridades de los gobiernos, a los líderes religiosos, a los creyentes y a las organizaciones no gubernamentales, a trabajar en forma consistente en favor de la puesta en práctica de esta Declaración.Los políticos, los dirigentes sindicales, los maestros, los empleadores, los representantes de los medios y todos los líderes de opinión deberíanapoyar firmemente los derechos humanos. Esta sería una respuesta al creciente y violento extremismo religioso, a la intolerancia, a los crímenes por odio y a la discriminación, ya sean basados en la religión o en un secularismo antirreligioso, y ayudaría a reducirlo. De este modo, la Declaración Universal crecería en importancia práctica y brillo, y nunca llegaría a ser un documento irrelevante.

Esta declaración fue votada por la Comisión Administrativa de la Asociación General el 17 de noviembre de 1998, y difundida por la Oficina de Asuntos Públicos de la Asociación General.

Un peligro para la libertad religiosa

Desde el comienzo de la iglesia, los adventistas han reconocido su responsabilidad cristiana como promotores activos de la libertad religiosa,creyendo que cada persona tiene libertad de conciencia y el derecho de expresión religiosa, sujeto a iguales derechos que los demás. Los adventistas han estado y continuarán cooperando y trabajando junto con otras personas y organizaciones con el fin de defender la libertad religiosa de todos los pueblos, particularmente en conjunción con la Asociación Internacional de Libertad Religiosa, fundada en 1893.Si bien las Naciones Unidas en sus declaraciones y convenciones han expuesto claramente los principios de la libertad religiosa, y aun cuandomuchos países han adoptado estos principios en sus constituciones y; leyes, en la práctica esta libertad está siendo atacada a menudo en un número creciente de países, especialmente en relación con las minorías religiosas. Dos peligrosas fuerzas opositoras están obrando en el mundo moderno, ambas con la capacidad de violar la libertad religiosa:

1) Primeramente, existe un tipo de secularización antirreligiosa que quiere eliminar la religión de la vida pública y social. En varios países sehan publicado listas de grupos religiosos supuestamente “peligrosos”, que casi siempre son minorías, y se los cataloga como “sectas”. A esos cuerpos religiosos se les puede negar el acceso a los medios de comunicación y a veces experimentan la hostilidad de la prensa.

2) En segundo lugar, existe un crecimiento del fundamentalismo religioso –que es extremismo religioso– que está surgiendo en muchas religionesmundiales. En sus peores manifestaciones, este extremismo religioso está comprometido en la violencia dirigida, no solamente para restringir lalibertad religiosa, sino también para eliminar aquellos que sostienen creencias diferentes. También están surgiendo la discriminación y los crímenes basados en el odio religioso. Esta posición extremista expresa oposición hacia las creencias y los creyentes que considera que están en error, y pisotea derechos humanos fundamentales. Tales actitudes son condenadas correctamente por todas las personas de buena fe.Llamamos a todos, tanto dentro como fuera de nuestra comunidad de fe, a trabajar sabia y efectivamente para reducir la intolerancia y el extremismo religiosos. La educación debería jugar un papel cada vez más significativo al enseñar el respeto por los derechos religiosos de toda persona y ayudar a establecer una cultura de la paz y la tolerancia religiosa. La dignidad de todos los seres humanos, creados a la imagen de Dios, requiere respeto mientras los cristianos buscan testificar a los que tienen otra fe. Se debería usar una terminología precisa, transparente, y que no sea deliberadamente ofensiva.

Esta declaración fue votada por la Junta Directiva de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día, para ser publicada en el Congreso de la Asociación General realizado en St. Louis,

Missouri, EE.UU., el 5 de julio de 2005.

Un rasgo distintivo de los seres humanos es nuestra aptitud, dada por Dios, de comunicarnos en forma abstracta por medio del habla, de los símbolos y de la palabra escrita. En ningún lugar esta capacidad se expresa de un modo más singular que en el dominio de la fe. La comunicación concerniente a las creencias religiosas es central para nuestra facultad de explorar el significado y el propósito de la vida, considerar los valores que guían nuestras acciones y compartir experiencias al buscar un conocimiento más íntimo de Dios.

La Iglesia Adventista del Séptimo Día sostiene vigorosamente la libertad de expresión en general, y la libertad de expresión religiosa en particular. Si bien se garantiza la libertad de expresión en el Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, continúan los esfuerzos para limitar la expresión tanto en el nivel nacional como en las Naciones Unidas. En ambos contextos, se ha puesto un enfoque significativo en limitar la expresión que ofende las creencias religiosas del oyente. Los adventistas del séptimo día manifiestan sensibilidad y respeto en toda comunicación. Por consiguiente, nos inquietan las expresiones dirigidas a ofender sensibilidades religiosas. No obstante, creemos que ceder al Estado el derecho a controlar la expresión religiosa crea una amenaza mucho mayor a la autonomía de la gente de fe que la que plantea el discurso ofensivo. Por cierto, hay numerosos ejemplos actuales de Estados que aducen un deseo de proteger sentimientos religiosos para justificar el silenciamiento forzoso de la expresión religiosa pacífica.

Nuestra oposición a la restricción de la palabra no carece de excepciones. La iglesia reconoce que en limitadas circunstancias, la palabra puede resultar en un daño significativo y tangible al derecho a la seguridad física, el goce de la propiedad y otros derechos similarmente esenciales. En tales instancias muy limitadas, reconocemos la responsabilidad del Estado de actuar para proteger a su población. Cuando tales límites son necesarios, la iglesia espera que los gobiernos que enfoquen las restricciones de manera precisa para dirigirlas únicamente al discurso peligroso en cuestión.

La iglesia reconoce una responsabilidad especial en los que están en el poder para comunicar un mensaje que sostenga los derechos humanos fundamentales, incluyendo todas las facetas de la libertad religiosa. Esta responsabilidad es particularmente pertinente para los gobiernos, dado que generalmente están en una posición única para estimular el vigoroso respeto a los derechos de su pueblo, y particularmente de las minorías.

En tanto reconocen el derecho a expresar libremente las creencias religiosas, los adventistas del séptimo día aceptan la responsabilidad de autorregular su discurso para asegurar que sea consecuente con las enseñanzas bíblicas. Esto incluye la obligación de ser honesto y amoroso a la vez. Esto es particularmente importante al hacer consideraciones sobre otra fe, ya que las pasiones religiosas pueden impulsar una visión unidimensional de los demás. Honestidad no significa meramente exponer hechos con exactitud, sino también presentar la información en un contexto preciso. Los adventistas del séptimo día serán constreñidos por la ley del amor de Cristo en todo lo que digan y hagan. Cuando el don de la palabra, dado por Dios, es usado para comunicar con amor, no sólo bendeciremos a nuestros semejantes; honraremos a Dios, que nos hizo a todos con el don de expresarnos.

Esta declaración fue aprobada y votada por la Junta Ejecutiva de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día el 23 de junio de 2010, y difundida en ocasión del Congreso de la Asociación General realizado en Atlanta, Georgia, EE.UU., del 24 de junio al 3 de julio de 2010.

Durante más de un siglo, los adventistas han sido activos promotores de la libertad religiosa. Reconocemos la necesidad de defender la libertadde conciencia y de religión como un derecho humano fundamental, en armonía con los instrumentos de las Naciones Unidas.

La Iglesia Adventista del Séptimo Día tiene presencia en 209 países. Con algunas excepciones, los adventistas constituyen una minoría religiosa, yen ocasiones han estado sujetos a restricciones y discriminación. En consecuencia, han sentido la necesidad de defender los derechos humanos.Como ciudadanos leales, los adventistas creen que tienen el derecho a la libertad de religión, sujetos a los mismos derechos que los demás. Estoimplica la libertad de reunirse para recibir instrucción y para adorar, adorar en el sábado, séptimo día de la semana, y a diseminar sus conceptos religiosos por medio de predicaciones públicas o por los medios de comunicación.

Además, esta libertad incluye el derecho de cambiar de religión, así como el de invitar respetuosamente a otros a hacer lo mismo. Cada personatiene el derecho de demandar consideración cuando la conciencia no le permita realizar ciertos deberes públicos, tales como el llevar armas. Siempreque las iglesias tengan acceso a los medios públicos, los adventistas deberían ser incluidos por razones de equidad.

Seguiremos cooperando con otros para defender la libertad religiosa de todas las personas, incluyendo aquellos con quienes no estemos de acuerdo.

Esta declaración pública fue difundida por el presidente de la Asociación General, Neal C. Wilson, después de consultas a los 16 vicepresidentes mundiales de 1a Iglesia Adventista del Séptimo Día, el 5 de julio de 1990 en ocasión del Congreso de la Asociación General celebrado en Indianápolis, Indiana, EE.UU.

Los adventistas creen que la libertad religiosa es un derecho humano básico. Como cristianos, estamos convencidos de que la diseminación dela religión no es sólo un derecho, sino una gozosa responsabilidad basada en un mandato divino para testificar.Dios ha llamado a los cristianos a la evangelización, la proclamación de las buenas noticias de la salvación en Cristo (Mat. 28:19, 20). Esto es central en la vida y el testimonio cristianos. Por esta razón, el cristianismo es misionero por su misma naturaleza.Al afirmar la misión global y la evangelización, los adventistas están motivados por una obediencia voluntaria y dispuesta a cumplir la comisiónde Cristo, y por un sincero deseo de que cada ser humano sea salvo y herede la vida eterna. También están motivados por un sentido de urgencia en espera del inminente regreso de Cristo. Al procurar cumplir la comisión evangélica, los adventistas están testificando, predicando y sirviendo en más de 200 naciones.En el contexto de la diseminación de la religión, el problema del proselitismo ha surgido por cuanto se define el término “proselitismo” de diferentes maneras y se le da en forma creciente una connotación peyorativa, asociado con medios de persuasión no éticos, incluyendo la fuerza. Los adventistas condenan inequívocamente el uso de tales métodos. Ellos creen que la fe y la religión se diseminan mejor cuando se manifiestan las convicciones enseñándolas con humildad y respeto, y cuando el testimonio de la vida de cada uno está en armonía con el mensaje anunciado, evocando una aceptación alegre y libre de los que son evangelizados.Las actividades misionales y de evangelización necesitan respetar la dignidad de los seres humanos. Las personas deben ser trasparentes y veraces cuando tratan con otros grupos religiosos. Se debe usar terminología que evite ofender a otras comunidades religiosas. No deben hacerse declaraciones que sean falsas o que ridiculicen a otras religiones.La conversión es una experiencia del Espíritu, y por lo tanto no debería estar conectada con ofertas o recepción de incentivos materiales. Aunquedebe reconocerse plenamente el derecho de ocuparse en actividades humanitarias, tales acciones nunca deben estar ligadas a la evangelización de manera que exploten a personas vulnerables con la oferta de incentivos financieros o materiales para inducirlos a cambiar de religión.Los adventistas están comprometidos en servir a su prójimo con la predicación del evangelio eterno a toda nación, tribu, lengua y pueblo (Apoc.14:6).

Esta declaración fue votada por la Comisión Administrativa de la Asociación General (ADCOM), para ser difundida en ocasión de la sesión de la Asociación General en Toronto, Canadá, entre el 29 de junio y el 9 de julio de 2000.

Declaración de compromiso y preocupación

Alo largo de la historia las minorías religiosas con frecuencia han estado sujetas a discriminación y persecución directa. Hoy la intolerancia religiosay el prejuicio están aumentando otra vez. A pesar de la afirmación de que todos pueden tener y diseminar conceptos religiosos y cambiar su religión, más una afirmación sostenida por instrumentos y documentos de las Naciones Unidas que incluyen un “Documento Internacional de Derechos”,muchos países niegan este derecho a sus ciudadanos.

Los instrumentos internacionales condenan la discriminación en contra de las minorías, pero trágicamente algunas naciones han publicado listas degrupos religiosos descritos como sectas potencialmente peligrosas. Se han establecido comisiones en contra de las sectas, se ha adiestrado a personalde investigaciones y se han publicado leyes restrictivas. Centenares de miles de creyentes inocentes están ahora bajo la sospecha oficial y se los tratacomo ciudadanos de segunda clase. Todo esto viola la libertad religiosa, que es el derecho fundamental más básico y esencial de la humanidad. Losadventistas creen en la obediencia a las leyes del país en que viven, mientras ellas no estén en conflicto con las leyes de Dios. Sin embargo, nos oponemos a toda ley, reglamento o actividad que discrimine contra las minorías religiosas.

La Iglesia Adventista del Séptimo Día sostiene la libertad religiosa para todos, así como la separación de la Iglesia del Estado. Las Escrituras enseñanque el Dios que dio la vida también dio la libertad de elegir. Dios sólo acepta el homenaje que se le da libremente. Los adventistas creen, además,que la ley debe ser aplicada por igual y sin favoritismo caprichoso. Afirmamos que ningún grupo religioso debería ser juzgado porque algunos de susadherentes parecen ser extremistas. La libertad religiosa es coartada cuando una conducta agresiva o violenta viola los derechos humanos de los demás.

En apoyo al Artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas y otros instrumentos internacionales, yen armonía con sus creencias y su historia, la Iglesia Adventista del Séptimo Día se compromete plenamente a promover, defender y proteger la libertad religiosa para cada persona, en todas partes. Con ese fin, seguiremos cooperando con la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y otras agencias internacionales y organizaciones religiosas, para animar a cada nación a poner en práctica el derecho fundamental a la libertadreligiosa. Además, seguiremos promoviendo el diálogo y una mejor comprensión entre las autoridades gubernamentales y las personas que pertenecen a las minorías religiosas.

Esta declaración fue votada durante el Concilio Anual de la Asociación General el 29 de setiembre de 1999, en Silver Spring, Maryland, EE.UU.

La Junta Directiva de la Asociación General nunca ha aprobado una declaración oficial con respecto a la relación de los adventistas con el movimiento ecuménico como tal. Se ha publicado un libro (ver B. B. Beach, Ecumenism—Boon or Bane? [El ecumenismo: ¿Bendición o aflicción?], Review and Herald, 1974), y a través de los años han aparecido una cantidad de artículos en publicaciones adventistas, incluyendo la Adventist Review (Revista Adventista). De ese modo, aunque exactamente no hay una; posición oficial, hay una abundancia de indicaciones claras acerca del punto de vista adventista.

Se puede decir, en general, que aunque la Iglesia Adventista del Séptimo Día no condena completamente el movimiento ecuménico y su principalmanifestación organizativa, el Concilio Mundial de Iglesias (CMI, o WCC en inglés) ha criticado diversos aspectos y actividades. No se puedenegar que el ecumenismo ha tenido metas loables y algunas influencias positivas. Su gran meta es la unidad visible del cristianismo. Ningún adventista puede oponerse a la unidad por la que Cristo mismo oró. El movimiento ecuménico ha promovido relaciones más bondadosas entre las iglesias, con más diálogo y menos diatribas, y ha ayudado a eliminar prejuicios sin fundamento.

Por medio de sus diversas organizaciones y actividades, el movimiento ecuménico ha proporcionado información más exacta y actualizada sobrelas iglesias, ha hablado en favor de la libertad religiosa y los derechos humanos, ha combatido contra los males del racismo, y ha llamado la atencióna las implicaciones socioeconómicas del evangelio. En todo esto las intenciones han sido buenas y algunos de sus frutos son aceptables. Sin; embargo, en el cuadro general, las aflicciones pesan más que las bendiciones.; Examinaremos algunas de ellas.

El adventismo es un movimiento profético

Los adventistas creen firmemente que la Iglesia Adventista del Séptimo Día surgió en el escenario de la historia en respuesta al llamado de Dios.Los adventistas creen, y se espera que sea sin orgullo ni arrogancia, que el movimiento adventista representa el instrumento divinamente designadopara la proclamación organizada del “evangelio eterno”, el último mensaje de Dios, observado desde el punto de vista ventajoso de Apocalipsis 14 y18. En la luz concentrada de esta comprensión profética, la Iglesia Adventista del Séptimo Día se considera un movimiento “ecuménico” del Apocalipsis, orientado escatológicamente. Comienza llamando a los hijos de Dios a salir de los cuerpos eclesiásticos “caídos” que en forma creciente organizarán una oposición religiosa a los propósitos de Dios. Junto con el llamado a salir hay un llamado a entrar a un movimiento unido, mundial (es decir ecuménico), caracterizado por “la fe de Jesús” y la observancia de “los mandamientos de Dios” (Apoc. 14:12). En el Concilio Mundial de Iglesias el énfasis está primero de todo a “entrar” en una comunión de iglesias, y; luego, se espera que en forma gradual, “salgan” de la falta de unión corporativa.

En el movimiento adventista el acento está primero en “salir” de la falta de unión y la confusión de Babilonia y luego inmediatamente a “entrar” al compañerismo de la unidad, la verdad y el amor dentro de la familia adventista que rodea el globo.; Para comprender la actitud adventista hacia el ecumenismo y otras iglesias importantes, es útil recordar que el movimiento original adventista (caracterizado por los Milleritas) tenía aspectos ecuménicos: surgió en muchas; iglesias. De este modo, los adventistas vinieron de muchas denominaciones. Sin embargo, las iglesias en general rechazaron el mensaje adventista. Con frecuencia los adventistas fueron expulsados de sus iglesias. Algunas veces los adventistas llevaron consigo una parte de esas congregaciones.; Las relaciones se echaron a perder. Se hicieron circular historias falsas, algunas de las cuales, desafortunadamente, todavía persisten hoy en día. Los pioneros tenían puntos de vista sólidos, y sus oponentes no eran menos dogmáticos. Eso era comprensible. Hoy, por supuesto, el clima entre las iglesias tiende a ser más benigno y conciliador.

¿Cuáles son algunos de los problemas que los adventistas tienen con el ecumenismo? Antes de que procuremos dar una respuesta breve a esta pregunta, es necesario destacar que el movimiento ecuménico no es monolítico en su pensamiento, y se pueden encontrar toda clase de puntos de vista en sus filas (por supuesto, eso en sí mismo puede ser un problema). Trataremos de hacer referencia a lo que puede ser considerado el pensamiento general dentro del Concilio Mundial de Iglesias, una organización que ahora representa a más de 300 iglesias y denominaciones diferentes.

Comprensiónecuménica de la unidad

El Nuevo Testamento presenta una unidad eclesiástica limitada pero anclada en la verdad,caracterizada por la unidad, el gozo, la fidelidad y la obediencia (ver Juan 17:6, 13, 17, 19, 23, 26). Los “ecumentusiastas” (para inventar una palabra) parecen dar por sentado una eventual unidad orgánica y la comunión de la gran mayoría de las iglesias. Enfatizan el “escándalo de la división”, como si eso fuera realmente el pecado imperdonable. La herejía y la apostasía son mayormente ignoradas. Sin embargo, el Nuevo Testaento muestra la amenaza de la penetración anticristiana dentro del “templo de Dios” (2 Tes. 2:3,4). El cuadro escatológico de la iglesia de Dios antes de la segunda venida de Cristo no es el de una megaiglesia que reúne a toda la humanidad, sino un “remanente” de la cristiandad, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen la fe de Jesús (ver Apoc. 12:17).Existe un punto en el que claramente la falta de ortodoxia y un estilo de vida no cristiano justifican la separación. El CMI pasa por alto este punto.

La separación y la división con el fin de proteger y sostener esa pureza y la integridad de la iglesia y su mensaje son más deseables para la iglesia adventista que la unidad en mundanalidad y error. Además, los adventistas se sienten incómodos con el hecho de que los líderes del CMI parecen dar poco énfasis a la santificación y al reavivamiento personal. Hay indicaciones de que algunos consideran tal énfasis como un curioso resabio pietista, no un ingrediente vital en una vida cristiana dinámica.; Prefieren amortiguar la piedad personal en favor de la moralidad social. Sin embargo, en la comprensión adventista, la santidad personal de la vida es el material con que está hecha la moralidad de la sociedad (pidiendo perdón a Shakespeare). Sin cristianos genuinamente convertidos, cualquier unidad organizacional formal es realmente de naturaleza plástica y de poca relevancia.

La comprensión ecuménica de las creencias

En muchos círculos eclesiales se considera como una virtud ecuménica tener la mente muy abierta. Se sugiere que el ecumenista ideal no es dogmático en sus creencias, sino algo fluido en sus conceptos doctrinales. Respeta grandemente las creencias de otros, pero es menos rígido acerca de sus creencias propias. Aparece como humilde y no agresivo acerca de las creencias doctrinales, excepto las que se refieren a la unidad ecuménica. Está convencido de que su conocimiento es parcial. Para los ecuménicos mostrar arrogancia doctrinal es especialmente pecaminoso.

Todo esto es el lado loable. La humildad y la mansedumbre son virtudes cristianas. En realidad, Pedro nos dice que siempre estemos listos para dar razón de nuestra fe, pero esto debe hacerse en humildad, respeto y con una buena conciencia (1 Ped. 3:15, 16). Sin embargo, hay en las filas ecuménicas un peligro casi innato de blandura y relativización de las creencias.; Se pone en duda todo el concepto de herejía. En este último tiempo, hasta se hacen preguntas con respecto a la idea de “paganismo”.; Algunas presuposiciones ecuménicas son la idea de que todas las formulacionesdenominacionales de la verdad están condicionadas por el tiempo y son relativas, y por lo tanto parciales e inadecuadas. Algunos ecumenistas hasta irían tan lejos como abogar por la necesidad de síntesis doctrinales, reuniendo varias creencias cristianas en una especie de ensalada de fruta. Se nos dice que cada iglesia está desequilibrada, y que la tarea del ecumenismo es restaurar el equilibrio y la armonía. Dentro de la diversidad reconciliatoria del movimiento ecuménico, se presume que todos, en las palabras de Federico el Grande, “serán salvos a su manera”.;

Los adventistas creen que sin convicciones firmes, una iglesia tiene poco poder espiritual. Hay peligro de que las arenas movedizas ecuménicas deblandura doctrinal absorban a las iglesias en una muerte denominacional.; Por supuesto, eso es precisamente lo que espera el ecumenismo. Sin embargo, los adventistas sienten que tal irresolución doctrinal debe ser resistida vigorosamente, pues de otro modo este desarme espiritual dará como resultado una época realmente poscristiana que caerá sobre nosotros.

Comprensiónecuménica de las Escrituras

Los adventistas consideran a la Biblia como la infalible revelación de la voluntad de Dios, dotada de autoridad y el registro digno de confianza de los poderosos actos de Dios en la historia de la salvación (ver Creencias fundamentales de los Adventistas del Séptimo Día, Nº 1: “Las Sagradas Escrituras”).; Los adventistas creen que la Biblia es una unidad. Para muchos dirigentes del CMI la Biblia no es normativa y dotada de autoridad en sí misma. El énfasis está sobre la diversidad bíblica, incluyendo a veces la idea de desmitologizar los Evangelios. Para un gran número de ecumenistas, como ocurre con el cristianismo liberal en general, la inspiración no reside tanto en el texto bíblico como en la experiencia del lector. La revelación proposicional está afuera; la experiencia está de turno.; Las profecías apocalípticas prácticamente no tienen, para ellos, un papel en el tiempo del fin. Se hacen referencias nominales a la parousía, pero no tienen implicaciones de urgencia, y ellos hacen muy poco impacto medible en el concepto ecuménico de misión evangelizadora. Aquí hay un peligro de ceguera escatológica.

Los adventistas ven el cuadro bíblico del pecado y la redención dentro del marco del “gran conflicto” entre el bien y el mal, entre Cristo y Satanás, entre la Palabra de Dios y las mentiras del impostor, entre el remanente fiel y Babilonia, entre el “sello de Dios” y “la marca de la bestia”.; Los adventistas, primero y por sobre todo, son un pueblo de la Palabra.

Aunque creen en la autoridad incondicional de las Escrituras, los adventistas reconocen que la Biblia fue “escrita por hombres inspirados, pero no es la forma del pensamiento y de la expresión de Dios. Es la forma de la humanidad. Dios no está representado como escritor… Los escritores de la Biblia eran los escribientes de Dios, no su pluma” (Mensajes selectos,t. 1, p. 24). Muchos ecumenistas dirían que el texto bíblico no es la palabra de Dios; sino que contiene la palabra de Dios cuando los hombres responden a ella y la aceptan. En contraste, los adventistas dirían que las declaraciones de los escritores bíblicos “son la palabra de Dios” (Ibíd.) Dios no está en el tribunal, ni lo está su Palabra, a pesar de la crítica de las formas. Es el hombre frente a la Biblia quien está en el tribunal.

La comprensión ecuménica de la misión y del evangelismo

La comprensión tradicional de la misión destaca el evangelismo, es decir, la proclamación verbal del evangelio. El enfoque ecuménico considera la misión como la participación en el establecimiento del shalom, una especie de paz y armonía sociales. Los adventistas tienen problemas con cualquier tendencia que disminuya la importancia primaria de anunciar las buenas nuevas de la redención de la cautividad del pecado. En realidad, el concepto tradicional de la salvación, que incluye el pensamiento adventista, ha sido siempre el salvar a las personas del pecado y para la eternidad.

El evangelismo ecuménico considera la salvación, primariamente, cómo salvar a la sociedad de regímenes opresivos, de los estragos del hambre, de la maldición del racismo y de la explotación de la injusticia.; La compresión adventista de la conversión significa que una persona experimente cambios radicales mediante el nuevo nacimiento espiritual. El énfasis de la mayoría en los círculos del CMI parece ser en cambiar (convertir) las estructuras injustas de la sociedad.; Como vemos, en el área de la evangelización y de la obra misionera extranjera, los frutos (o tal vez deberíamos decir la falta de frutos) del ecumenismo han sido, a menudo, menos evangelización (como la entendemos, desde Pablo hasta Billy Graham), menos crecimiento y más declinación de feligresía, menos misioneros enviados y proporcionalmente menos apoyo financiero. En realidad, el esfuerzo misionero se ha trasladado de las iglesias “ecuménicas” tradicionales a las iglesias evangélicas conservadoras. Es triste ver la pérdida de un potencial evangelizador tan grande en el movimiento misionero, especialmente en una época de actividad y militancia creciente del Islam, y del despertar del Oriente y de las religiones nativas.

La campaña reciente y exitosa de los Mil Días de Cosecha de los Adventistas del Séptimo Día van en contra del enfoque ecuménico, de perfil bajo, de “misión conjunta”. Esta última puede parecer muy buena en un documento de estudio ecuménico, pero los resultados en ganancia de almas generalmente no existen. La paráfrasis de un antiguo dicho tiene aquí alguna relevancia: “La prueba del budín ecuménico se encuentra en la evangelización que resulta”.

Comprensiónecuménica de la responsabilidad sociopolítica

Es cierto que todo el tema de la responsabilidad social y política del cristiano es muy complejo. El CMI y otros concilios de iglesias (como el ConcilioNacional de Iglesias en los Estados Unidos) están muy involucrados en lo que generalmente se consideran cuestiones políticas. La Iglesia Adventista del Séptimo Día es mucho más circunspecta en esta área (en comparación con la evangelización, donde las cosas son al revés). Mucho del pensamiento ecuménico en el área de la responsabilidad política incluye o involucra: 1) una secularización de la salvación; 2) un concepto posmilenial que aboga por una mejora social gradual y un mejoramiento de la humanidad, y el establecimiento del reino de Dios sobre la tierra mediante el esfuerzo humano como agentes divinos; 3) la adaptación del cristianismo al mundo moderno; 4) una fe utópica y evolucionista en el progreso; y 5) un colectivismo socialista, que favorece ciertas formas de igualdad y del estado benefactor, pero no el materialismo comunista.

Presumiblemente, los activistas sociales ecuménicos consideran que el adventismo es una visión utópica apocalíptica en un futuro lejano, pero eso está equivocado. Confrontados con muchos problemas de la sociedad, los adventistas no pueden ser apáticos ni indiferentes, y generalmente no lo están.; Consideren esto: instituciones del cuidado de la salud, hospitales y clínicas que sirven a millones de personas cada año; un gran sistema educativo que circuye el globo con cerca de cinco mil escuelas y universidades; la Agencia de Desarrollo y Recursos Adventistas, un servicio mundial que se expande rápidamente en las áreas de necesidades agudas o crónicas. Se podrían mencionar varias otras actividades de servicio. La Iglesia Adventista del Séptimo Día cree que es necesario distinguir entre actividad sociopolítica de los cristianos en forma individual como ciudadanos, y la participación a nivel corporativo de la iglesia. Es la tarea de la iglesia tratar con principios morales y señalar una dirección bíblica, y no abogar por directivas políticas. El CMI ha estado involucrado en juegos de poder político. Aunque el adventismo siembra semillas que inevitablemente influiránsobre la sociedad y la política, no desea mezclarse en controversias políticas. El Señor de la iglesia afirmó: “Mi reino no es de este mundo” (Juan 18:36), y como su Señor, la iglesia desea andar “haciendo bienes” (Hech. 10:38). No desea ejercer el gobierno, directa ni indirectamente.

Comprensiónecuménica de la libertad religiosa

En los primeros años del CMI, comenzando con su primera asamblea en Amsterdam en 1948, la libertad religiosa fue puesta en la agenda ecuménica.La libertad religiosa es considerada como un prerrequisito vital para la unidad ecuménica. En 1968 se estableció un secretariado de libertad religiosa en las oficinas centrales del CMI. Sin embargo, en años más recientes, la actitud sobre la libertad religiosa del CMI ha sido un tanto ambigua. En 1978 se cerró el secretariado, principalmente por lo que se consideró una falta de recursos. Por supuesto, esto habla mucho acerca de la prioridad que; se le da a la libertad religiosa en el movimiento ecuménico organizado.; Hoy, la tendencia ecuménica es considerar la libertad religiosa sencillamente como uno de los derechos humanos en lugar de un derecho fundamental que subyace a todos los demás derechos humanos. Por supuesto, éste es el enfoque usado por la mente secular. Los secularistas o humanistas rehúsan reconocer la creencia religiosa como algo aparte o por sobre otras actividades humanas. Existe aquí el peligro de que la libertad religiosa pierda su carácter singular que la hace la guardiana de todas las demás libertades verdaderas. No debe olvidarse que, históricamente, han sido el equilibrio de poderes y el denominacionalismo los que han neutralizado la intolerancia religiosa y han trabajado en favor de la libertad religiosa. Una unidad religiosa formal ha existido sólo con el uso de la fuerza. De este modo hay una tensión innata en la sociedad entre la unidad y la libertad religiosa. De hecho, el cuadro escatológico de los acontecimientos finales es un panorama dramático de persecución religiosa, cuando las fuerzas masivas de la Babilonia apocalíptica procuran forzar a la iglesia del remanente en el molde de la apostasía unida. Finalmente, la visión de la libertad religiosa llega a ser crecientemente oscurecida cuando se observa que ciertos activistas ecuménicos aceptan bastante fácilmente las restricciones a la libertad religiosa que afecta a los creyentes de un cuño religioso-político diferente, quienes ejercen lo que se percibe como una actitud social negativa. Además, algunos dirigentes ecuménicos están bastante dispuestos, en situaciones revolucionarias, a considerar que la libertad religiosa se cancele temporariamente con el fin de promover la unidad, la construcción de la nación y el “bien” de la sociedad como un todo.

La influencia de la comprensión profética

Lo que hemos escrito hasta ahora subraya algunas de las reservas que tienen los adventistas con respecto a la participación en el movimiento ecuménico organizado. La actitud general de la Iglesia Adventista del Séptimo Día hacia otras iglesias y hacia el movimiento ecuménico está decididamente influenciada por las consideraciones dadas más arriba y determinadas por la comprensión profética. Mirando hacia atrás, los adventistas ven siglos de persecución y manifestaciones anticristianas del poder papal. Ven la discriminación y mucha intolerancia del Estado y de las iglesias establecidas.

Mirando hacia adelante, ven el peligro de que el catolicismo y el protestantismo se unan y ejerzan poderes religioso-políticos en una forma dominadora y potencialmente perseguidora. Ven a la iglesia fiel de Dios no como una iglesia enorme, sino como un remanente. Se ven a sí mismos como el núcleo de ese remanente y que no están dispuestos a unirse con la creciente apostasía cristiana de los últimos días.

Mirando el presente, los adventistas ven su tarea de predicar el evangelio eterno a todos los hombres, llamándolos a adorar al Creador, a una adhesión obediente a la fe de Jesús y a la proclamación de que la hora del juicio de Dios ha llegado. Algunos aspectos de este mensaje no son populares. ¿Cómo pueden los adventistas tener éxito en cumplir con este mandato profético? Es nuestra opinión que la Iglesia Adventista del Séptimo Día puede cumplir mejor con el mandato divino conservando su propia identidad, su propia motivación, su propio sentido de urgencia, sus propios métodos de trabajo.

¿Cooperación ecuménica?

¿Deberían los adventistas cooperar ecuménicamente? Los adventistas deberían cooperar mientras se proclame el evangelio auténtico y los clamores de las necesidades humanas sean satisfechos. La Iglesia Adventista del Séptimo Día no quiere pertenecer a cuerpos que la enreden, y rehúsa cualquier relación que ponga en peligro de diluir su testimonio distintivo. Sin embargo, los adventistas quieren ser “cooperadores conscientes”. El movimiento ecuménico, como una agencia de cooperación, tiene aspectos aceptables; como agencia para la unidad orgánica de las iglesias, está bajo mucho más sospecha.

Relaciones con otros cuerpos religiosos

Allá por 1926, mucho antes de que el ecumenismo se pusiera en boga, la Junta Directiva de la Asociación General adoptó una declaración importante que ahora es parte del General Conference Working Policy (Libro de reglamentoseclesiástico-administrativos de la Asociación General; O75). Esta declaración tiene implicaciones ecuménicas significativas. La preocupación de la declaración tenía que ver con los campos misioneros y las relaciones con otras “sociedades misioneras”. Sin embargo, la declaración ha sido ampliada ahora, para tratar de otras “organizaciones religiosas” en general.

Afirma que los adventistas “reconocen toda agencia que eleva a Cristo ante los hombres como una parte del plan divino para la evangelización del mundo, y… tiene en alta estima a los hombres y mujeres cristianos de otras comuniones que están ocupados en ganar almas para Cristo”. En el trato de la iglesia con otras iglesias, “la cortesía cristiana, la amabilidad y la equidad” han de prevalecer. Se hacen algunas sugerencias prácticas para evitar malos entendidos y ocasiones para fricciones. La declaración deja bien en claro, sin embargo, que “el pueblo adventista” ha recibido la “carga” especial de enfatizar la segunda venida de Cristo como un evento que está “a las puertas”, y preparar “el camino del Señor como lo revelan las Sagradas Escrituras”. Este “cometido” divino, por lo tanto, hace que sea imposible que los adventistas restrinjan su testimonio a “alguna región limitada” y los impele a presentar el evangelio “a la atención de todos los pueblos en todas partes”.

En 1980 la Asociación General nombró un Concilio de Relaciones entre las Iglesias, con el fin de dar supervisión y orientación general a las relaciones de la iglesia con los demás cuerpos religiosos. Este concilio, de tiempo en tiempo, ha autorizado a tener conversaciones con otras organizaciones religiosas cuando sentía que esto podría ser beneficioso. Los líderes adventistas deberían ser conocidos como constructores de puentes. Esta no es una tarea fácil. Es mucho más fácil destruir los puentes eclesiásticos y servir como “comandos cristianos” irresponsables.

Elena de White ha dicho: “Se necesita mucha sabiduría para alcanzar a los pastores y hombres de influencia” (El evangelismo, p. 409). Los adventistas no han sido llamados a vivir en un gueto amurallado, hablando sólo consigo mismos, publicando principalmente para ellos mismos, mostrando un espíritu sectario y aislacionista. Por supuesto, es más cómodo y seguro vivir en una fortaleza adventista con los puentes levadizos alzados. En este marco alguno se aventura, de tanto en tanto, al vecindario para realizar una breve campaña evangelizadora, capturar tantos “prisioneros” como sea posible, y luego desaparecer con ellos de nuevo en la fortaleza.

Elena de White no creía; en la mentalidad aislacionista. “Nuestros ministros deben procurar acercarse a los ministros de otras denominaciones. Oren por estos hombres y con ellos, pues Cristo intercede por ellos. Tienen una solemne responsabilidad. Como mensajeros de Cristo, debemos manifestar profundo y ferviente interés en estos pastores del rebaño” (Joyas de los testimonios, t. 2, p. 386).

Utilidad de las relaciones de los observadores

La experiencia ha enseñado que la mejor relación con los diversos concilios; de iglesias (nacionales, regionales, mundiales) es la de observador-consultor. Esto ayuda a la iglesia a mantenerse informada y a comprender las tendencias y los sucesos. Ayuda a conocer a los pensadores y líderes cristianos. Los adventistas tienen la oportunidad de ejercer una presencia y dar a conocer el punto de vista de ella. Pertenecer a esos grupos como miembros no es aconsejable. Esas organizaciones ecuménicas generalmente no son “neutrales”.

A menudo tienen metas y reglas bastante específicas, y desempeñan un papel de apoyo sociopolítico. No tendría mucho sentido ser miembros con poco entusiasmo (en el mejor de los casos) o nominales (como lo son muchas iglesias), o encontrarse con frecuencia en la oposición (como a menudo sería el caso). A nivel local, tratando con problemas más prácticos y menos teológicos, uno podría visualizar algunas formas en que los adventistas podrían pertenecer a alguna de estas organizaciones locales, sin embargo, con cautela. E stamos pensando en relaciones organizadas como asociaciones ministeriales en una ciudad, organizaciones locales de iglesias, grupos de estudio de la Biblia, y grupos específicos o redes de estudio de las necesidades de la comunidad o en la forma de ayudar a resolver problemas locales. No debe existir la percepción de que los adventistas sencillamente se despreocupan de toda responsabilidad cristiana por la comunidad local.

En años recientes, los líderes y teólogos adventistas han tenido oportunidades para dialogar con representantes de otras iglesias. Estas experiencias han sido beneficiosas. Se ha generado respeto mutuo. Se han eliminado los estereotipos gastados e inexactos, y percepciones doctrinales incorrectas. Los prejuicios han sido enterrados sin ceremonias. Se han aguzado las herramientas y comprensión teológicas. Se han reconocido nuevas dimensiones y se han presentado nuevos panoramas de extensión a los demás.

Antes que nada, sin embargo, se ha fortalecido su fe en el mensaje adventista.;; No hay razón para que los adventistas tengan un complejo de inferioridad.; Es un privilegio maravilloso ser un adventista y saber que el fundamento; teológico y de la organización de la iglesia son seguros y firmes.

Heraldos del verdadero oikouméne

Los adventistas son heraldos del único oikouméne verdadero y duradero. En Hebreos se hace referencia al “mundo [griego: oikouméne] venidero”,el reino universal de Dios que está por venir. Al fin de cuentas, éste es el;; “ecumenismo” por el que trabajan los adventistas. Todo otro movimiento ecuménico es efímero. Entretanto, es un deber cristiano estar “siempre preparados para responder a todo el que les pida razón de la esperanza que hay en ustedes. Pero háganlo con gentileza y respeto” (1 Ped. 3:15, 16, Nueva Versión Internacional).

Este documento de estudio apareció por primera vez en el libro Patterns for Progress: The Role and Function of Church Organization [Modelos para el progreso: El papel y la función de la organización eclesiástica], por Walter Raymond Beach y Bert Beverly Beach [Review and Herald, 1985], y fue preparado por B. B. Beach, y publicado en relación con el Congreso de la Asociación General celebrado en Nueva Orleans, Luisiana, en junio de 1985. Se distribuyó por medio de la Oficina de Asuntos Públicos y Libertad Religiosa de la Asociación General.

Esta declaración fue aprobada y votada por la Junta Directiva de la Asociación General en la sesión del 12 de octubre de 1986 del Concilio Anual realizado en Río de Janeiro, Brasil.

Uno de los problemas políticos y éticos más grandes de nuestros días es el tema de la guerra y la paz. Es confuso y complejo. La desesperanzaflota en los corazones y las mentes, pues millones temen un holocausto nuclear sin una esperanza básica en una vida posterior o una vida eterna.Hoy hay una situación nueva, sin paralelo en la historia. Los seres humanos han desarrollado los medios para destrucción propia de la humanidad,medios que están llegando a ser cada vez más “efectivos” y “perfeccionados”, aunque difícilmente sean estas las palabras correctas. Desde la Segunda Guerra Mundial, los civiles ya no son dañados en forma ocasional o incidental; han llegado a ser el blanco.Los cristianos creen que la guerra es el resultado del pecado. Desde la caída del hombre, la lucha ha sido un hecho permanente de la existenciahumana. “Satanás se deleita en la guerra… Su objetivo consiste en hostigar a las naciones a hacerse mutuamente la guerra” (El conflicto de los siglos, p. 646). Es una táctica de distracción para interferir con la tarea del evangelio. Aunque se ha evitado un conflicto global durante los últimos 40 años, ha habido tal vez unas 150 guerras entre naciones y dentro de algunas naciones, en las que perecieron millones de personas.Hoy, virtualmente cada gobierno pretende trabajar para el desarme y la paz. Pero a menudo los hechos conocidos parecen apuntar en otra dirección. Las naciones gastan una porción enorme de sus recursos financieros para acumular materiales nucleares y otros materiales de guerra, suficientes para destruir la civilización como la conocemos hoy. Los informes que dan las noticias se concentran en los millones de hombres, mujeres y niños que sufren y mueren en guerras e intranquilidad civil, y tienen que vivir en la pobreza y la miseria. La carrera armamenticia, con su colosal desperdicio de fondos y recursos humanos, es una de las obscenidades obvias de nuestros días.Por lo tanto, es correcto y adecuado que los cristianos promuevan la paz. La Iglesia Adventista del Séptimo Día anima a cada nación a transformar“sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces” (Isa. 2:4). La Creencia Fundamental Nº 7 de la Iglesia Adventista, basada en la Biblia,afirma que los hombres y las mujeres fueron “creados para la gloria de Dios” y “se los llama a amar a su Creador y los unos a los otros, y a cuidarde su ambiente”, no a destruirlo o a herirse entre sí. Cristo mismo dijo: “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos deDios” (Mat. 5:9).; Aunque no se puede obtener la paz con pronunciamientos oficiales de la iglesia, la iglesia cristiana auténtica debe trabajar por la paz entre el primer y el segundo advenimientos de Cristo. Sin embargo, la esperanza de la segunda venida de Cristo no debe existir en un vacío social. La esperanza adventista debe manifestarse y traducirse en una profunda preocupación por el bienestar de cada miembro de la familia humana. Al mismo tiempo, es verdad que la acción cristiana de hoy y mañana no introducirá por sí misma el próximo reino de paz; sólo Dios puede iniciar este reino con el regreso de su Hijo.En un mundo lleno de odio y contiendas, en un mundo de luchas ideológicas y conflictos militares, los adventistas desean ser conocidos comopacificadores, y trabajar para la justicia y la paz universales bajo Cristo como la cabeza de una nueva humanidad.

Esta declaración pública fue difundida por el presidente de la Asociación General, Neal C. Wilson, después de consultas con los 16 vicepresidentes mundiales de la Iglesia Adventista del Séptimo

Día, el 27 de junio de 1985 en el Congreso de la Asociación General desarrollado en Nueva Orleans, Luisiana, EE.UU

Nuestro mundo tiene tensiones internacionales, explotación habitual, caos económico, terrorismo frecuente y repetida apelación a las armas.Esta hostilidad e incertidumbre ponen en peligro la paz y la civilización en este planeta. Crean obstáculos al testimonio cristiano a través de las fronteras, y tienden a inhibir la evangelización. Pueden conducir a crear restricciones a la libertad religiosa.Cuando los adventistas enfrentan este mundo tormentoso y confundido, se despierta su conciencia. Los delegados a la 53ª sesión del Congresode la Asociación General invitan al pueblo de Dios de todos los países a orar fervientemente por la paz mundial y la retención de los vientos de contiendas y guerras. Los adventistas, por precepto y por ejemplo, deben levantarse y trabajar en favor de la paz y la buena voluntad hacia los hombres, y así ser llamados pacificadores y constructores de puentes.Invitamos a todos los adventistas y a otras personas de buena voluntad que, en lo que esté a su alcance, ayuden a crear una atmósfera de cooperación y fraternidad que conduzca a intercambios entre culturas y sistemas ideológicos diferentes, y a una mejor comprensión entre las personas de todas las razas, creencias religiosas y convicciones políticas.Siendo que el tiempo es corto, y en vista de las innumerables oportunidades ante el pueblo de Dios para testificar y hacer avanzar el evangelio,mientras la situación preapocalíptica prevalezca todavía, llamamos con sentido de urgencia a cada hijo de Dios a participar en un programa concertado de evangelización en todos los continentes y conducido “por su Espíritu”.

Esta declaración fue adoptada por el Congreso de la Asociación General realizado en Dallas, Texas, en abril de 1980.

Vivimos en un mundo cada vez más inestable y peligroso. Los eventos recientes resultaron en un aumento del sentimiento de vulnerabilidady del temor individual o colectivo ante la violencia. En el mundo, millones de personas son perseguidas por la guerra y por un sentimiento de aprensión, oprimidas por el odio y por la intimidación.

Guerra total

Desde mediados del siglo pasado la humanidad ha vivido en una era de guerra total. Eso implica que, teóricamente hablando, los habitantes de laTierra pueden eliminar toda su civilización, evitable sólo por la providencia divina. Armas bioquímicas y nucleares de destrucción masiva estánapuntadas hacia los grandes centros urbanos. Naciones y sociedades son movilizadas para la guerra o son su blanco, y, cuando irrumpe el conflicto, éste se desarrolla con gran violencia y destrucción. La justificación para la guerra se ha tornado más compleja, sobre todo porque los avances tecnológicos hacen posible una mayor precisión en los blancos de destrucción con un mínimo de muertes entre la población civil.

Una nueva dimensión

Mientras las Naciones Unidas y varios organismos religiosos han proclamado a la primera década del siglo XXI como la década de la promoción de la paz y seguridad en lugar de la violencia en sus diferentes formas, ha surgido una nueva e insidiosa dimensión de la violencia: el terrorismo internacional organizado. El terrorismo en sí no es algo nuevo, lo nuevo es la red mundial de terrorismo. Un nuevo factor es asociar el terrorismo a supuestos mandatos divinos que darían un fundamento intelectual, bajo pretexto de una guerra cultural o incluso una guerra “religiosa”.El aumento del terrorismo internacional deja en claro que no se trata sólo de una nación o Estado que hace la guerra, sino de grupos humanos quese unen para ese fin. Como lo destacó una prominente fundadora de la Iglesia Adventista del Séptimo Día cien años atrás, “la inhumanidad del hombre para con el hombre es nuestro mayor pecado” (El ministerio de curación, p. 121). Es un hecho que la naturaleza humana tiende hacia la violencia. Partiendo de la perspectiva cristiana, todas esas acciones deshumanas son de hecho parte de la guerra cósmica, del gran conflicto entre el bien y el mal.

El terrorismo explota el concepto de Dios

Los terroristas, especialmente aquellos cuyas motivaciones están fundadas en la religión, reivindican que su causa es absoluta, y que por eso matarindiscriminadamente se justifica plenamente. Mientras reivindican ser representantes de la justicia de Dios, dejan de representar totalmente el gran amor de Dios.También este tipo de terrorismo internacional es totalmente ajeno al concepto de libertad religiosa. Se basa en un extremismo político y/o religioso,y en un fanatismo fundamentalista que se arroga el derecho de imponer determinada convicción religiosa o visión mundial y de destruir a losque se oponen a sus convicciones. Imponer el punto de vista religioso personal a otros por medios inquisitivos y de terror involucra el deseo de explotar y manipular a Dios dándole una imagen maligna y violenta. El resultado es desconsideración por la dignidad de los seres humanos creados a imagen de Dios.Aunque es inevitable que las naciones y los pueblos intenten defenderse de la violencia y el terrorismo a través de una respuesta militar que puede representar éxito a corto plazo, una respuesta efectiva a los problemas profundos de divisiones en la sociedad no puede ser alcanzada por el uso de medios violentos.

Los pilares de la paz

Tanto desde la perspectiva cristiana como desde la práctica, la paz duradera involucra por lo menos cuatro elementos: diálogo, justicia, perdóny reconciliación.

Diálogo – Existe la necesidad de diálogo o discusión en lugar de discursos violentos y gritos de guerra. La paz duradera no es el resultado de medidas violentas, sino que se la alcanza por medio de la negociación, el diálogo e, inevitablemente, el compromiso político. El discurso racional tiene más autoridad que la fuerza militar. Conforme lo enseña la Biblia, particularmente los cristianos tienen que estar dispuestos al “diálogo”.

Justicia– Lamentablemente, el mundo está lleno de injusticia, que tiene como consecuencia la contienda. La justicia y la paz van tomadas de la mano, así como la injusticia y la guerra. La pobreza y explotación originan el descontento y la desesperanza, que conducen a la desesperación y la violencia. Por otro lado, “la palabra de Dios no sanciona los métodos que enriquezcan a una clase mediante la opresión y las penurias impuestas a otra”(El ministerio de curación, p. 141).La justicia requiere respeto por los derechos humanos, en especial por la libertad religiosa, que trata acerca de las aspiraciones humanas más profundas y es el fundamento de todo derecho humano. La justicia requiere ausencia de discriminación, respeto por la dignidad e igualdad humanas, y una distribución más equitativa en la atención de las necesidades de la vida. Las políticas sociales y económicas darán por resultado la paz o el descontento. La preocupación de los adventistas por la justicia social se manifiesta a través del apoyo y la promoción de la libertad religiosa, y por mediode organizaciones y departamentos de la iglesia que trabajan para mitigar la pobreza y las condiciones de marginación. Tales esfuerzos por partede la iglesia pueden, a lo largo del tiempo, reducir el resentimiento y el terrorismo.

Perdón – El perdón normalmente es considerado como algo necesario para restablecer las relaciones interpersonales rotas. Es enaltecido en la oración que Jesús enseñó a sus seguidores (Mat. 6:12). Sin embargo, no debemos olvidar las dimensiones corporativas, sociales e incluso internacionales.Para que exista paz es vital dejar los fardos del pasado, trasponer el suelo devastado por la guerra y empeñarse en la reconciliación. Como mínimorequiere el olvido de las injusticias y violencias del pasado; y más, involucra el perdón que absorbe el dolor sin venganza.Debido a la naturaleza pecaminosa de los seres humanos y a la violencia resultante, es necesario algún tipo de perdón con el fin de romper el círculo vicioso de resentimiento, odio y deseo de venganza en todos los niveles.El perdón es contrario a la naturaleza humana. Lo natural para los seres humanos es la venganza y el devolver mal por mal.Por tanto, en primer lugar, existe la necesidad de promover la cultura del perdón en la iglesia. Como cristianos y líderes de la iglesia, es nuestrodeber ayudar a individuos y naciones a libertarse de las amarras del pasado y a rehusarse, año tras año y generación tras generación, a gestar el odio y la violencia en relación con experiencias pasadas.

Reconciliación– El perdón proporciona el fundamento para la reconciliación, que está acompañada de la restauración de las relaciones rotas yhostiles. La reconciliación es la única vía para el éxito en el camino de la cooperación, armonía y paz.Convocamos a iglesias y a líderes cristianos a ejercer el ministerio de la reconciliación y a actuar como embajadores de buena voluntad, sinceridady perdón (ver 2 Cor. 5:17-19). Ésta siempre será una tarea difícil y sensible.Mientras intentamos evitar las muchas trampas que están a lo largo del camino, debemos proclamar la libertad en la tierra y decir NO a la persecución, discriminación, abyecta pobreza y otras formas de injusticia. Es responsabilidad cristiana empeñarnos en proveer protección a los que están en peligro de sufrir violencia, explotación y terrorismo.

Apoyo a la calidad de vida

Son válidos, pero no bastan, los esfuerzos silenciosos de organismos religiosos y de individuos que actúan detrás de escena. “No somos solamente criaturas de un ambiente espiritual. Estamos activamente interesados en todo lo que afecta al trazado del camino por el que nuestra vida transita, y estamos preocupados con el bienestar de nuestro planeta”. El ministerio cristiano de la reconciliación “contribuirá a la restauración de la dignidad, igualdad y unidad humana por medio de la cual los seres humanos se ven unos a los otros como miembros de la familia de Dios” (Citado del Pr. Jan Paulsen, presidente de la Asociación General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día).Las iglesias no deberían ser sólo conocidas por sus contribuciones espirituales, aunque éstas sean fundamentales, sino también por su apoyo a lacalidad de vida; en relación con esto último, promover la paz resulta esencial. Necesitamos arrepentirnos de las expresiones o los actos de violencia en los cuales los cristianos y las iglesias, a lo largo de la historia y hasta recientemente, estuvieron involucrados como actores, o siendo tolerantes y hasta justificándolos. Convocamos a los cristianos y a las personas de buena voluntad alrededor del mundo a participar activamente en la promoción y sustentación de la paz, siendo de este modo parte de la solución y no del problema.

Pacificadores

La Iglesia Adventista del Séptimo Día aboga por una armonía no coercitiva del venidero reino de Dios. Esto requiere la construcción de puentesque promuevan la reconciliación entre los varios lados del conflicto. De acuerdo con las palabras del profeta Isaías, “serás llamado reparador deportillos, restaurador de calzadas para habitar” (Isa. 58:12). Jesucristo, el Príncipe de la Paz, desea que sus seguidores sean pacificadores en la sociedad, y por eso los llama bienaventurados (Mat. 5:9).

Cultura de la paz por medio de la educación

La Iglesia Adventista del Séptimo Día opera el segundo mayor sistema educacional eclesiástico del mundo. Cada una de sus más de seis mil instituciones de enseñanza, desde los cursos elementales hasta el superior, está siendo incentivada a dedicar una semana del año lectivo para enfatizar y enaltecer, por medio de programas diversos, el respeto, la conciencia cultural, la no-violencia, el ser pacificadores, la solución de conflictos y la reconciliación; todo como una contribución “adventista” específica a la cultura de la armonía y de la paz social. Con esto en mente, el departamento de Educación de la iglesia está preparando un currículo y otros materiales que tienen como objetivo ayudar a la implementación de este programa relacionado con la paz.La instrucción del feligrés con relación a la no-violencia, a la paz y a la reconciliación necesita ser un proceso continuo. Los pastores son convocados a utilizar el púlpito para proclamar el evangelio de la paz, el perdón y la reconciliación –que rompe las barreras creadas por las diferencias raciales, étnicas, de nacionalidad, de sexo y religiosas–, y a promover relaciones humanas pacíficas entre individuos, grupos y naciones.

La esperanza cristiana

Aunque la promoción de la paz parezca una tarea imposible, existe la promesa y la posibilidad de transformación por medio de la renovación. Todaviolencia y terrorismo es, desde el punto de vista teológico, un aspecto de la continua controversia entre Cristo y Satanás. El cristiano tiene esperanza porque tiene certeza de que el mal, el misterio de la iniquidad, seguirá su curso y será vencido por el Príncipe de Paz cuando el mundo sea restaurado.Esta es nuestra esperanza. El Antiguo Testamento, a pesar de registrar guerras y violencias, presenta el anhelo de la nueva creación y sus promesas que, así como en el Nuevo Testamento, ponen fin al círculo vicioso de guerra y terror, cuando las armas desaparecerán y se tornarán implementos agrícolas, y la paz y el conocimiento de Dios y su amor cubrirán la tierra así como las aguas los océanos (ver Isa. 2:4; 11:9).Mientras tanto, debemos seguir en todas nuestras relaciones la regla de oro, que nos pide que hagamos a los demás aquello que gustaríamos quelos otros nos hagan (ver Mat. 7:12), y no sólo amar a Dios sino también amar como él ama (ver 1 Juan 3:14, 15; 4:11, 20, 21).

Esta declaración fue votada durante el Concilio de Primavera de la Junta Ejecutiva de la Asociación General realizada el 18 de abril de 2002 en Silver Spring, Maryland.

Uno de los males odiosos de nuestros días es el racismo, la creencia o la práctica que considera o trata a ciertos grupos raciales como inferioresy, por lo tanto, justifica que se los haga objeto de discriminación, dominación y segregación.Aunque el pecado del racismo es un fenómeno muy antiguo basado en la ignorancia, el miedo, la separación y el falso orgullo, algunas de sus manifestaciones más repugnantes han ocurrido en nuestros días. El racismo y los prejuicios irracionales actúan como un círculo vicioso. El racismo está entre los prejuicios más arraigados que caracterizan a los seres humanos pecaminosos. Sus consecuencias son generalmente muy devastadoras, porque el racismo fácilmente llega a institucionalizarse y a legalizarse en forma permanente, y sus manifestaciones extremas pueden conducir a una persecución sistemática y aun al genocidio.La Iglesia Adventista del Séptimo Día deplora todas las formas de racismo, incluyendo la política del apartheid con su segregación forzada y sudiscriminación legalizada. Los adventistas desean ser fieles al ministerio reconciliador asignado a la iglesia cristiana. Como una comunidad mundial de fe, la Iglesia Adventista del Séptimo Día desea testificar y exhibir en sus propias filas la unidad y el amor que trasciende las diferencias raciales y se sobrepone a la pasada alienación entre las razas.Las Escrituras claramente enseñan que cada persona fue creada a la imagen de Dios, quien “de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres,para que habiten sobre toda la faz de la tierra” (Hech. 17:26). La discriminación racial es un agravio a los seres humanos compañeros nuestros, quienes fueron creados a la imagen de Dios. Por lo tanto, el racismo es realmente una herejía y en esencia una forma de idolatría, porque limita la paternidad de Dios al negar la hermandad de toda la humanidad y al exaltar la superioridad de la raza de uno mismo.Las normas para los adventistas son reconocidas en la Creencia Fundamental Nº 14, basada en la Biblia, “La unidad en el cuerpo de Cristo”. Allíse señala: “En Cristo somos una nueva creación; las distinciones de raza, cultura, educación y nacionalidad, así como las diferencias entre posiciones elevadas y humildes, ricos y pobres, varones y mujeres, no deben producir divisiones entre nosotros. Somos todos iguales en Cristo, el cual por un Espíritu nos ha unificado en una comunión con él y los unos con los otros; debemos servir y ser servidos sin parcialidad ni reservas”.Cualquier otro enfoque destruye el centro del evangelio cristiano.

Esta declaración pública fue difundida por el presidente de la Asociación General, Neal C. Wilson, después de consultas con los 16 vicepresidentes mundiales de la Iglesia Adventista del Séptimo

Día, el 27 de junio de 1985 en el Congreso de la Asociación General celebrado en Nueva Orleans, Luisiana, EE.UU.

Para evitar crear fricciones o malos entendidos en nuestras relaciones con otras iglesias y organizaciones religiosas cristianas, se ofrecen las siguientes orientaciones:

1) Reconocemos aquellas agencias que eleven a Cristo ante los hombres como parte del plan divino para la evangelización del mundo, y tenemos enalta estima a los hombres y las mujeres cristianos de otras comuniones que están ocupados en ganar almas para Cristo.

2) Cuando la obra fuera de nuestra división nos pone en contacto con otras sociedades cristianas y cuerpos religiosos, el espíritu de cortesía, franqueza y equidad cristianas debe prevalecer en todo momento.

3) Reconocemos que la verdadera religión está basada en la conciencia y la convicción. Por tanto, es nuestro propósito constante que ningún interés egoísta o ventaja temporal atraiga a alguna persona a nuestra comunión, y que ningún lazo retenga a algún miembro, excepto la creencia y la convicción de que de este modo se encuentra la verdadera conexión con Cristo. Si un cambio de convicción conduce a un miembro de nuestra iglesia a no seguir en armonía con la fe y la práctica adventistas, reconocemos no sólo su derecho sino también la responsabilidad de ese miembro de cambiar, sin oprobio, su afiliación religiosa de acuerdo con sus creencias. Esperamos que otros cuerpos religiosos respondan con el mismo espíritu de libertad religiosa.

4) Antes de admitir en la feligresía a los miembros de otras organizaciones religiosas, debe ejercerse cuidado para determinar si los candidatos están impulsados a cambiar su afiliación religiosa por su convicción religiosa o por consideración de su relación personal con Cristo.

5) Una persona bajo censura en otra organización religiosa, por una falta claramente establecida contra la moral o el carácter cristianos, no será considerado como aceptable para ser miembro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día hasta que haya evidencias de arrepentimiento y reforma.

6) La Iglesia del Adventista Séptimo Día es incapaz de limitar su misión a áreas geográficas por causa de su comprensión del mandato de la comisión evangélica. En la providencia de Dios y el desarrollo histórico de su obra en favor de los hombres, los cuerpos denominacionales y los movimientos religiosos han surgido, de tiempo en tiempo, para dar énfasis especial a diferentes fases de la verdad del evangelio. En el origen y surgimiento del pueblo adventista se nos entregó la carga de enfatizar el evangelio de la segunda venida de Cristo como un evento inminente, requiriendo la proclamación de las verdades bíblicas en el marco de los mensajes especiales de preparación descritos en la profecía bíblica, en especial Apocalipsis 14:6-12. Este mensaje nos ordena predicar el “evangelio eterno a toda nación, tribu, lengua y pueblo”, llevándolo a la atención de las personas en todas partes. Cualquier restricción que limite el testimonio a una región geográfica específica llega por lo tanto a ser una limitación de la comisión evangélica.; La Iglesia Adventista del Séptimo Día también reconoce los derechos de otros grupos religiosos a actuar sin restricciones geográficas.

Este es el texto del reglamento 075 del libro de Reglamentos eclesiástico-administrativos de la Asociación General.

Preámbulo

Dios es amor. Su gobierno de este universo se basa en la obediencia voluntaria de su creación evocada por su benevolencia magnificente.1 Sólo una fe que descansa en el corazón humano,2y sólo las acciones impulsadas por el amor,3son aceptables para Dios. Sin embargo, el amor no está sujeto a la regulación civil. No puede ser invocado por mandato ni sustentado por estatuto. Por consiguiente, los esfuerzos por legislar la fe, por su misma naturaleza, se oponen a los principios de la verdadera religión, y por lo tanto se oponen a la voluntad de Dios.4Dios colocó a nuestros primeros padres en esta tierra con la capacidad de elegir entre el bien y el mal.5A las generaciones subsecuentes nacidas en este mundo se les ha concedido una elección similar. Esta libertad de elegir, así otorgada por Dios, no debiera ser infringida por el hombre.La relación apropiada entre la religión y el Estado fue muy bien ejemplificada en la vida de nuestro Salvador y Ejemplo, Jesucristo. Como uno de la deidad, Jesús poseía autoridad sin parangón en la tierra. Tenía revelación divina,6poder divino7y un estatuto santo.8Si alguien en la historia del mundo tenía el derecho de forzar a otros a adorar según él dictara, éste era Jesucristo. No obstante, Jesús nunca utilizó la fuerza para hacer avanzar el evangelio.9Es para que los seguidores de Cristo emulen este ejemplo.; La Iglesia Adventista del Séptimo Día ha intentado, desde sus comienzos, seguir el ejemplo de Cristo al abogar por la libertad de conciencia como parte integral de su misión evangélica. Dado que el papel de la iglesia en la sociedad se amplía, es apropiado declarar los principios que guían a nuestra iglesia mundial en los contactos con los gobiernos de los países en los que actuamos.

Libertad de conciencia

En el corazón del mensaje adventista está nuestra destacada creencia de que la libertad de conciencia debe garantizarse para todos. La libertad de conciencia incluye la libertad de creer y practicar plenamente la fe religiosa de elección, la libertad de no creer o practicar fe religiosa alguna, la libertad de cambiar de fe, y la libertad de establecer y administrar instituciones religiosas de acuerdo con las creencias religiosas. Estamos dedicados a trabajar para el avance de la protección legal y política de la libertad religiosay sustentamos la amplia interpretación de las cartas constitucionales que garantizan la protección de esta libertad.10Como cristianos, los adventistas reconocemos el papel legítimo del gobierno organizado en la sociedad.11 Apoyamos el derecho del Estado de legislar en materia secular y apoyamos el acatamiento de dichas leyes.12; No obstante, cuando nos enfrentamos con una situación en la que la ley del país está en pugna con los mandatos bíblicos, concordamos con el mandato de la Escritura de que debemos obedecer a Dios antes que a los hombres.13

La dedicación adventista a la libertad de conciencia reconoce que existen límites para esta libertad. La libertad de religión sólo puede existir en el contexto de la protección de los derechos legítimos e iguales de los demás en la sociedad. Cuando la sociedad tiene un interés apremiante, como la protección de sus ciudadanos de un perjuicio inminente, por ende puede restringir las prácticas religiosas. Dichas restricciones debieran ser puestas en práctica de manera tal que limiten lo menos posible la práctica religiosa y aún así proteja a los que se ven amenazados por ella. La limitación de la libertad de conciencia con el fin de proteger a la sociedad de ofensas o perjuicios intangibles similares, de riesgos hipotéticos o para imponer una conformidad social o religiosa por medio de medidas como las leyes dominicales u otras observancias religiosas autorizadas por el Estado, no son limitaciones legítimas de la libertad.

Los adventistas son llamados a defender el principio de libertad de conciencia para todos. Al conservar nuestro amor por los demás,14 debemos estar dispuestos a trabajar en defensa de grupos cuya libertad de conciencia se ve afectada inadecuadamente por el Estado. Dicha obra tal vez resulte en pérdidas personales y colectivas. Éste es el precio que debemos estar dispuestos a pagar con el fin de seguir a nuestro Salvador, quien hablaba consistentemente en favor de los desdichados y desposeídos.15

Participación en el gobierno

La Iglesia Adventista del Séptimo Día es consciente de la larga historia de participación del pueblo de Dios en asuntos civiles. José ejerció el poder civil en Egipto.16De forma similar, Daniel subió a las alturas del poder civil en Babilonia y, como resultado, la nación se benefició.17;; En la historia de nuestra iglesia, los adventistas se han unido con otras organizaciones religiosas; y seculares para ejercer influencia sobre las autoridades civiles para acabar con la esclavitud y para hacer avanzar la causa de la libertad religiosa.Sin embargo, la influencia religiosa no siempre ha resultado en el adelanto de la sociedad. La persecución religiosa, las guerras religiosas y los numerosos ejemplos de supresión social y política perpetradas a instancias de personas religiosas confirman los peligros que existen cuando se utilizan los medios del Estado para hacer progresar los objetivos religiosos.El crecimiento de la Iglesia Adventista del Séptimo Día ha ocasionado un crecimiento correspondiente de nuestra capacidad de ejercer influencia política en algunas áreas del mundo. Esta influencia política no es problemática en sí misma. De hecho, los adventistas tal vez aspiren correctamente a servir en puestos de liderazgo civil.18No obstante, siempre debemos ser cuidadosos con los peligros que están asociados con la influencia religiosa en materia civil, y asiduamente evitamos tales peligros.Cuando los adventistas se convierten en líderes o ejercen cierta influencia en la sociedad, esto debiera hacerse de una forma consistente con la regla de oro.19Por lo tanto, debiéramos trabajar para establecer una robusta libertad religiosa para todos y no debiéramos utilizar nuestra influencia con los líderes políticos y civiles para promover nuestra fe o inhibir la fe de los demás. Los adventistas debieran tomarse en serio las responsabilidades cívicas.Debiéramos participar en el proceso de votación dispuesto para nosotros cuando sea posible hacerlo en plena conciencia20 y debiéramos compartir la responsabilidad de erigir nuestras comunidades.; Sin embargo, los adventistas no debiéramos preocuparnos por la política ni utilizar el púlpito o nuestras publicaciones para promover teorías políticas.21Los adventistas que son líderes cívicos deben procurar adherir a las normas más elevadas de la conducta cristiana. Como Danieles modernos, Dios los guiará, y su fidelidad hacia él inspirará a la comunidad.

Representación de gobiernos y cuerpos internacionales

A lo largo de la historia del pueblo de Dios, el Señor ha visto conveniente delegar individuos para exponer su mensaje a los gobernantes de su tiempo. Abraham,22José23 ;y Moisés24trataron directamente con el faraón de su tiempo. Como resultado de la presencia de Ester en la corte del rey Asuero el pueblo de Dios se salvó de la destrucción.25Daniel primero fue representante del Imperio Babilónico,26y posteriormente de Ciro el Persa y Darío el Medo.27Pablo llevó el evangelio a la clase gobernante del Imperio Romano.28

De modo similar, muchos de los grandes reformadores estuvieron frente a gobernantes de su tiempo para defender su posición. Por consiguiente, seríamos negligentes si no nos esforzáramos por exponer a Cristo ante los líderes de este mundo en este tiempo presente.; De hecho, los adventistas son llamados a ser portavoces de la libertad de conciencia para este mundo.29Parte integral para esta misión es el desarrollo de las relaciones con los gobernantes temporales.30 Con el fin de lograr esto, la Iglesia Adventista del Séptimo Día designa representantes para los gobiernos y cuerpos internacionales que tienen influencia en la protección de la libertad religiosa. Esta obra debe considerarse esencial para la misión evangelizadora y debieran concederse los recursos necesarios para asegurarse que nuestra representación sea del grado más elevado.

Expectativas de los gobiernos

Los gobiernos se establecen para satisfacer las necesidades de los gobernados.; Como tales, deben asegurar la protección de los derechos humanos fundamentales de la población, incluyendo la libertad de conciencia. Además, el Estado debe empeñarse en construir comunidades con orden público, salud pública, un ambiente limpio y una atmósfera que no inhiba indebidamente la capacidad de los ciudadanos de educar familias y explorar libremente las facetas de su humanidad. Es responsabilidad del Estado esforzarse por eliminar la discriminación sobre la base de la raza, la etnia, la clase social, la religión, la persuasión política y el género, y garantizarle a sus residentes igual acceso a una justicia imparcial. Los estados no sólo tienen la responsabilidad de proteger a los que viven dentro de sus fronteras, sino también de trabajar para la protección de los derechos humanos de la comunidad internacional y brindar asilo a los que escapan de la persecución.

Receptores de fondos gubernamentales

Los adventistas han debatido extensamente acerca de si la iglesia o sus instituciones debieran aceptar fondos gubernamentales. Por un lado, la iglesia ha enseñado que el Señor se mueve en los corazones de los que tienen poder civil, y que la iglesia no debiera erigir barreras que cortarían la asistencia para el avance de su causa.31Por otro lado, la iglesia ha advertido en contra de la unión de la Iglesia y el Estado.32 Así, cuando las leyes de una nación permiten la asistencia del gobierno a las iglesias o sus instituciones, nuestros principios permiten recibir fondos que no vayan acompañados de condiciones que inhiban nuestra capacidad de practicar y promulgar libremente nuestra fe, de contratar sólo a adventistas, de quedarse con la administración a cargo de adventistas solamente y de observar sin compromiso los principios expresados en la Biblia y los escritos de Elena de White. Además, para evitar una unión de Iglesia y Estado, los fondos gubernamentales no debieran aceptase para pagar actividades religiosas como servicios de adoración, evangelización, publicación de textos religiosos o salarios de los que trabajan en la administración eclesiástica o en el ministerio evangélico, excepto para la provisión de servicios espirituales a aquellos cuyas vidas están tan completamente reguladas por el Estado que la provisión de tales servicios sea impracticable sin la participación estatal.33

En ocasiones cuando la aceptación de los fondos gubernamentales no viola los principios precedentes, debiera considerarse cuidadosamente si se han de aceptar los fondos del gobierno. Los fondos del gobierno vigente, en oposición a las contribuciones financieras individuales, presentan un peligro particular. Es virtualmente imposible que las instituciones no se vuelvan dependientes, al menos en parte, de las corrientes de fondos del gobierno vigente. Dichos fondos de gobierno comúnmente van acompañados de regulación gubernamental. Si bien dicha regulación tal vez no viole los principios cristianos cuando el dinero se recibe por primera vez, dichas regulaciones están sujetas a cambios. En caso de que cambien las regulaciones que rigen la recepción de los fondos del gobierno y requieran abandonar los principios de nuestras instituciones descriptas en la Biblia y por Elena de White, los fondos del gobierno vigente deben rechazarse, incluso si como resultado la institución se deba cerrar, vender o reestructurar significativamente. Cuando los adventistas recibimos fondos del gobierno, debemos manejar dichos fondos con suprema integridad. Esto incluye el cumplimiento estricto de las regulaciones adjuntas a la donación y el uso de rigurosas medidas de contabilidad. Si los procedimientos no están en orden como para asegurar tal cumplimiento, la donación debe; ser rechazada.En algunas circunstancias excepcionales, los adventistas sólo podemos lograr tener presencia en un país si contamos con programas controlados por el gobierno y que prohíben una testificación abierta. Debe dedicarse un tiempo considerable a la oración y la meditación por las implicancias de participar en dichos programas. Debiéramos considerar si la participación ayuda al gobierno a mantener sus políticas restrictivas, si la participación asocia el nombre de la iglesia con el gobierno coercitivo, y si la participación brindará la oportunidad de difundir el evangelio a corto y largo plazo, incluyendo el mensaje de los tres ángeles34en el país en cuestión. Debemos evitar asiduamente asociar el nombre de Cristo con regímenes que suprimen y tratan brutalmente a su población.

Conclusión

Dios ha puesto a cada individuo en la tierra con la capacidad de determinar; lo bueno y lo malo bajo la dirección del Espíritu Santo y de acuerdo con su Palabra. Por consiguiente, esta declaración no está designada para sustituir el consejo divino y no está designada para ser una interpretación autorizada de ese consejo. Más bien, la declaración sirve para resumir la comprensión de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en este tiempo. La forma en que los adventistas conducimos nuestras relaciones Iglesia- Estado tiene un impacto significativo en nuestros esfuerzos mundiales. Por tanto, debemos abordar esta área con mucha meditación y oración. Al trabajar bajo la dirección del Espíritu Santo, los adventistas continuarán abogando por el principio de libertad de conciencia.

Este documento fue aprobadopor el Consejo Intereclesiástico / interreligioso de la Asociacion General de la IglesiaAdventista del Séptimo Díaen marzo de 2002.El documentoes utilizado oficialmente porel DepartamentodeAsuntos Públicos y Libertad Religiosa de la IASD.; Ver original en inglés enhttp://www.adventist.org/beliefs/other-documents/other-doc8.html

Referencias:

1 “Dios desea de todas sus criaturas el servicio por amor; servicio que brota de un aprecio de su carácter. No halla placer en una obediencia forzada; y a todos otorga libre albedrío para que puedan rendirle un servicio voluntario” (Elena de White, Patriarcas y profetas, pp. 12, 13).

2 Ezequiel 36:26.

3 1 Corintios 13.

4 El ejemplo del antiguo Israel bajo gobierno teocrático a veces se utiliza para justificar los esfuerzos modernos para legislar sobre preceptos religiosos. Tales justificaciones aplican erróneamente el precedente bíblico. Por un período relativamente corto de la historia de esta tierra, Dios utilizó métodos particulares para preservar su mensaje para el mundo. Estos métodos se basaban en un pacto de acuerdo mutuo entre Dios y una familia que crecía en una nación relativamente pequeña. Durante este período, Dios directamente gobernaba de una manera que hasta entonces no había elegido utilizar. La experiencia del gobierno directo de Dios basado en un pacto de acuerdo mutuo, si bien tiene una importancia inestimable para nuestra comprensión del Señor, no se aplica directamente a la manera en que debieran gobernarse las naciones modernas. Más bien, el ejemplo más aplicable de la relación entre la Iglesia y el Estado es la provista por Jesucristo.

5 Génesis 3.

6 Ver, por ej., Juan 4:17-19.

7 Ver, por ej., Juan 11.

8 1 Juan 2:1.

9 Muy por el contrario, Jesús explícitamente declaró que su “reino no es de este mundo”, y por; lo tanto sus siervos no fueron comisionados para ejercer poder por medio de la fuerza (Juan 18:36).

10 Ver, por ejemplo, la Declaración Universal de los; Derechos Humanos de las Naciones Unidas; Art. 18; La Convención Norteamericana de los Derechos Humanos, Art. 12; la Carta Fundacional Africana de los Derechos Humanos y de las Personas, Art. 8; la Convención Europea para la Protección de los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales, Art. 9; la Constitución de la República de Sudáfrica, Art. 15; la Constitución de la República Federativa del Brasil, Art. 5; la Constitución de la República de Corea del Sur, Art. 20; la Constitución del Commonwealth de Australia, Art. 116; la Constitución de la India, Arts. 25-28; la Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica, Primera Enmienda.

11 1 Pedro 2:13-17.

12 Romanos 13.

13 Hechos 5:29. “El pueblo de Dios reconocerá el gobierno humano como una ordenanza divinamente designada, y por precepto y ejemplo enseñará la obediencia a ella como un deber sagrado, siempre y cuando su autoridad se ejerza dentro de su esfera legítima. Pero cuando sus demandas entren en conflicto con las de Dios, debemos elegir obedecer a Dios antes que a los hombres. Debe reconocerse y obedecerse la Palabra de Dios como una autoridad que está por encima de toda legislación humana. El ‘Así dice el Señor’ no debe desecharse por un ‘Así dicen la Iglesia o el Estado’. La corona de Cristo debe elevarse por encima de todas las diademas de los potentados terrenales” (Elena de White,Eventos de los últimos días, p. 145).

14 Mateo 22:39.

15 Ver, por ej.: Lucas 4:18; Mateo 5:1-12; Lucas 10:30-37.

16 Génesis 41:40-57.

17 Daniel 6:3.

18 “¿Han pensado lo que no se atreven a expresar, de que un día puedan estar en la cima de la grandeza intelectual; que pueden sentarse en los concilios deliberantes y legislativos y ayuden a dictar leyes para la nación? No hay nada de malo en esas aspiraciones. Cada uno de ustedes puede dejar su huella. No deberían conformarse con logros insignificantes. Apunten alto y no escatimen esfuerzos para alcanzar esa norma” (Elena de White, Mente, carácter y personalidad, t. 1, p. 378).

19 “Todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Mateo 7:12).

20 Si bien los adventistas han de votar, han de emitir sus votos con cuidadosa oración. Ver Elena de White, Mensajes selectos, t. 2, pp. 387-389 (exhorta a los adventistas a que voten); Elena de White, Obreros evangélicos, p. 406 (declara que los adventistas no pueden votar sin riesgos a partidos políticos); y Elena de White,Eventos de los últimos días, p. 131 (los adventistas se convierten en partícipes de los pecados de los políticos si apoyan a candidatos que no defienden la libertad religiosa).

21 Elena de White, Obreros evangélicos, pp. 406, 407.

22 Génesis 12:15-20.

23 Génesis 41.

24 Éxodo 4-12.

25 Ester 8.

26 Daniel 3-5.

27 Daniel 1:21; 5:31-6:28.

28 Hechos 23-26.

29 “No estamos haciendo la voluntad de Dios si permanecemos quietos sin hacer nada para preservar la libertad de conciencia” (Elena de White, Joyas de los testimonios, t. 2, p. 321).

30 “Reyes, gobernantes y concilios han de tener un conocimiento de la verdad por medio del testimonio de ustedes. Ésta es la única forma en que el testimonio de la luz y la verdad pueden alcanzar a los hombres de gran autoridad” (Elena de White, Review and Herald, 15 de abril de 1890).

31 “Durante todo el tiempo en que estemos en este mundo, y el Espíritu de Dios esté luchando con el mundo, hemos de recibir e impartir favores. Hemos de dar al mundo la luz de la verdad como se la presenta en las Sagradas Escrituras, y hemos de recibir del mundo lo que Dios los induce a hacer en favor de su causa. El Señor todavía actúa en corazones de reyes y gobernantes para que favorezcan a su pueblo, y conviene que los que están tan profundamente interesados en el asunto de la libertad religiosa no rechacen ningún favor, o dejen de aceptar la ayuda que Dios ha inducido a los hombres a dar para el progreso de la causa” (Elena de White, Testimonios para los ministros, p. 203).

32 “El consorcio de la Iglesia con el Estado, por muy poco estrecho que sea, puede en apariencia acercar el mundo a la iglesia, mientras que en realidad es la iglesia la que se acerca al mundo” (Elena de White,El conflicto de los siglos, p. 342).

33 Esta categoría incluye capellanes retenidos por el Estado para brindar servicios espirituales a los que sirven en el servicio militar, a los que están encarcelados, a los que están en hospitales estatales y a aquellos cuyas vidas están restringidas de modo similar a instituciones del Estado, o cuyas vidas de igual modo están poderosamente reguladas por el Estado.

34 Apocalipsis 14:6-12.

Los adventistas deploran toda forma de discriminación basada en la raza,; la tribu, la nacionalidad, el color o el género, y procuran combatirla.Creemos que cada persona fue creada a la imagen de Dios, quien hizo de una sangre a todas las naciones (Hech. 17:26). Procuramos continuar elministerio reconciliador de Jesucristo, quien murió por todo el mundo porque en él “ya no hay judío ni griego” (Gál. 3:28). Cualquier forma de racismo elimina el corazón del evangelio cristiano.Uno de los aspectos más perturbadores de nuestros tiempos es la manifestación de racismo y tribalismo en muchas sociedades, algunas veces con violencia, pero siempre con la denigración de los hombres y las mujeres. Como un cuerpo mundial presente en más de 200 naciones, los adventistas procuran manifestar aceptación, amor y respeto hacia todos, y esparcireste mensaje sanador a través de toda la sociedad. La igualdad de todos los pueblos es una de las enseñanzas de nuestra iglesia. Nuestra Creencia Fundamental Nº 14 declara: “En Cristo somosuna nueva creación; las distinciones de raza, cultura, educación y nacionalidad, así como las diferencias entre posiciones elevadas y humildes, ricos y pobres, varones y mujeres, no deben producir divisiones entre nosotros.Somos todos iguales en Cristo, el cual por un Espíritu nos ha unificado en una comunión con él y los unos con los otros; debemos servir y ser servidos sin parcialidad ni reservas”.

Esta declaración fue aprobada y votada por la Comisión Administratíva de la Asociación General (ADCOM), y fue publicada por la Oficina del presidente, Robert S. Folkenberg, en el Congreso de

la Asociación General realizado en Utrecht, Holanda, del 29 de junio al 8 de julio de 1995.

Hacer que las iglesias y la comunidad sean seguras

La Iglesia Adventista del Séptimo Día afirma la dignidad y el valor de cada ser humano como la obra del Creador y el centro de la acción redentorade Dios en Jesucristo. La Escritura claramente indica que una característica distintiva de los creyentes cristianos es la calidad de sus relacioneshumanas. El espíritu de Cristo incluye amarnos y aceptarnos unos a otros, esforzarnos por afirmar y habilitar a los demás, y proteger al vulnerable ydesfavorecido.

Con esta finalidad, los adventistas, como cristianos, buscan vivir de acuerdo con los más elevados principios de conducta moral y ética al relacionarsecon otros seres humanos. Nos unimos a otros dirigentes religiosos y comunitarios que censuran todas las formas de abuso sexual y violencia familiar, y todo tráfico y explotación de mujeres y niños, sin importar su género, edad, raza, salud o status social o económico. Creemos que permanecer indiferentes e insensibles es, en realidad, condonar, perpetuar y potencialmente extender tal conducta.

Las declaraciones de la posición adventista que existen hace mucho tiempo denunciando el abuso sexual de niños y la violencia familiar, y ofreciendoorientaciones prácticas para una respuesta adecuada y solícita de la iglesia, se han esforzado por proveer un modelo para otras comunidades defe que buscan romper el silencio y responder adecuada y compasivamente a las personas que conocen de primera mano esta experiencia devastadora.Profesionales adventistas han desarrollado muchos recursos y los han compartido a través de canales gubernamentales e interconfesionales paraeducar a pastores, educadores y dirigentes eclesiásticos y comunitarios respecto de la naturaleza del problema, y de cómo ayudar a los individuos ylas familias para que puedan acceder a la red de servicios sociales y profesionales que puedan responder mejor a sus necesidades específicas.

Anualmente se dedica un sábado en las iglesias adventistas para continuar rompiendo el silencio respecto de estos asuntos y para aumentar la efectividad de la iglesia en la protección del vulnerable, con la vista puesta en la prevención. Los adventistas toman muy seriamente su responsabilidad de ayudar a hacer de la iglesia y la comunidad un lugar seguro para los niños. En el año 2000 se emitió una declaración contundente respecto del bienestar y el valor de los niños, enumerando los derechos de los niños y los múltiples desafíos que enfrentan las familias y las comunidades encargadas de su cuidado. En iglesias y escuelas adventistas de diferentes partes del mundo se han implementado políticas vigorosas para la protección de los niños. Estas políticas pueden proveer un modelo para el desarrollo de tales orientaciones en otros lugares respecto de la selección de voluntarios y las medidas apropiadas para segurar que los transgresores sean denunciados y removidos de los cargos que colocan a los niños en riesgos ulteriores. Sin embargo, las políticas son valiosas solamente en la medida en que sean implementadas.

Los adventistas han estado involucrados en forma práctica, entre otros, para establecer orfanatos. También hemos estado involucrados en actividadescomunitarias para combatir el abuso.; Además de hablar claramente en contra de las violaciones de la dignidad humana, los adventistas están comprometidos con el desarrollo de cada persona hasta su máximo potencial. La iglesia conduce un sistema educativo global. La Agencia Adventista para el Desarrollo y Recursos Asistenciales (ADRA) provee una diversidad de servicios de desarrollo para la familia y la comunidad que incluyen pequeños préstamos, seguridad de alimentos y agua, alfabetización, educación respecto del Sida y respuesta a las emergencias. A través de las iglesias adventistas en todo el mundo se ofrecen programas de entrenamiento de líderes para muchas áreas de ministerio y servicio comunitario, tales como educación en vida familiar, educación para la salud, ministerios de la mujer y de los niños, etc. Los adventistas consideran tal obra como una extensión del ministerio de Cristo, y consideran que es su privilegio unir sus manos con otros para ayudar a todos los seres humanos con los que compartimos esta aldea global.

Esta declaración fue votada por la Junta Directiva de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día, para ser publicada en el Congreso de la Asociación General realizado en St. Louis, Missouri, EE.UU., el 5 de julio de 2005.

Los adventistas apoyan la proclamación de las Naciones Unidas de designar el año 1995 como el Año de la tolerancia. Esta proclamación llegaen un momento oportuno, cuando la intolerancia abunda en todos los continentes: extremistas religiosos fanáticos, racismo, tribalismo, limpieza étnica,enemistad lingüística y otras formas de terrorismo y violencia. Los cristianos deben aceptar su parte de la culpa por el prejuicio y la falta de humanidad hacia los seres humanos. La tolerancia, la capacidad de soportar circunstancias desfavorables, es sólo el comienzo. Los cristianos y todas las personas de buena voluntad deben ir mucho más allá de este concepto negativo, y desarrollar simpatía por las creencias y prácticas que no sólo son diferentes, sino que aun pueden estar en conflicto con las propias. El diálogo es ciertamente mucho mejor que las diatribas. Los seres humanos deben aprender a estar de acuerdo o en desacuerdo, sin violencia; deben ser capaces de analizar diferentes puntos de vista sin odio ni rencor. Esto no significa docilidad o sumisión abyecta, sino una participación y respeto por los derechos iguales de los demás.

Cada persona tiene el derecho y la responsabilidad de expresar sus ideas y sus ideales con entusiasmo y vitalidad, pero sin alcanzar el ardor ola virulencia de palabras o actos violentos.; Finalmente, la tolerancia, en su mejor expresión no es sólo la aceptación de otros conceptos y personas, sino avanzar en benevolencia, capacidad de respuesta y comprensión hacia los demás, hacia cada ser humano.

Esta declaración fue aprobada y votada por la Comisión Administrativa de la Asociación General (ADCOM), y difundida por la Oficina del presidente, Robert S. Folkenberg, en el Congreso de la Asociación General celebrado en Utrecht, Holanda, del 29 de junio al 8 de julio de 1995.